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Fabriquemos coches

Recientemente han surgido movimientos sociales espontáneos que reclaman un cambio del modelo socioeconómico, en coherencia con reflexiones hechas en este mismo blog y que reflejan un sentimiento mayoritario, otorgar poder al pueblo.

Pero es necesario que el pueblo de la aldea global en la que vivimos sea capaz de ejercer fuerza sobre los opresores. Por su puesto, sin usar la violencia. En épocas en las que la opresión era violenta la respuesta más apropiada fue una revolución violenta, pero hoy en día nos vemos inmersos en una encapsulación del verdadero poder, lo cual hace inapropiada una respuesta violenta puesto que la cápsula pseudodemocrática impuesta por los medios de comunicación manipulados acabaría dando la razón a los opresores.

Los dueños del mundo son “los mercados”, a los que les toca decirles que nos devuelvan nuestro dinero, pero ni si quiera nos dejan hablar. Puesto que estas personas, con nombre y apellidos, se esconden detrás de esta situación, es necesaria una forma de ejercer fuerza sobre ellos para que el pueblo recupere el poder que le corresponde.

Un buen símil para los programadores es el sistema operativo GNU, una alternativa a la colonización digital impuesta por el software privativo. En la medida en la que todo el mundo utilice software libre, el poder del gran monopolio se verá mermado y los usuarios de ordenadores podrán tener el control de su informática.

Trasladando esta filosofía al modelo socioeconómico es posible plantear alternativas que resten poder a los dueños de los mercados. Por ejemplo, pensemos uno de los símbolos del capitalismo, la compañía de fabricación de automóviles Ford. Es sabido que si otorgamos los medios de producción a la clase proletaria nos enfrentaríamos al fracaso del modelo soviético, pero esto no impide que se puedan plantear nuevas formas que sean eficientes.

Pensemos en fabricar coches, dada la crisis energética causada por los dueños de los mercados, coches basados en pilas de hidrógeno. Para construir una planta de producción es necesaria una inversión importante, pero si es realizada por todo aquel que quiera aportar lo que considere conveniente, no tiene por qué suponer ningún trastorno. Se puede pues pensar en inversores o emprendedores libres y afrontar la labor del emprendedor como un trabajo en equipo.

Una vez que se tenga una alternativa, el respaldo del pueblo desbancaría al mercado, por lo menos al automovilístico. Pero es posible pensar en soluciones para todos y cada uno de los “mercados”, y me parece muy importante encauzar por este camino las demandas sociales que están surgiendo espontáneamente.

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Fabriquemos coches por Mark Roberts se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.
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